Historia

Onda obsequia al visitante con su historia milenaria a través de los numerosos restos que se han hallado, como las diferentes herramientas de silex, encontradas en la partida de la Murtera, que atestiguan la presencia del hombre en estas tierras durante el Neolítico. Del Bronce valenciano son los restos aparecidos en el yacimiento del Torrelló y del Castell, y del período íbero, las piezas de cerámica descubiertas en el Torrelló, el Castell, el Pla dels Olivars y el Sitjar Baix.

Sepelaco la llamaron los griegos y de la romanización se conservan algunas inscripciones latinas grabadas sobre unos bloques de piedra que alberga la colección del Museo de Historia Local ubicado en el Castillo. También de la época romana son testigo los restos de un puente en el río Mijares y una parte de vía romana.
 
De la cultura visigoda se tiene noticias por la aparición de una patena de bronce aunque será a partir de la época de dominio musulmán cuando se pueda hablar realmente de un núcleo urbano consolidado. 
 
La villa se amuralló en el siglo XI, tras la finalización de la construcción de su magnífico castillo que tuvo lugar a lo largo del siglo X, y en los siglos XII y XIII se convirtió en el enclave más importante al norte de la Valencia islámica. 
 
Aunque las tropas del mítico Cid Campeador conquistaron la villa, el símbolo de la cruz no se implantaría hasta la llegada del rey Jaume I en 1242. Finalmente a Onda se le entregó la Carta Puebla el 3 de abril de 1248 y con ella llegó la convivencia de las tres culturas en la ciudad medieval: la cristiana, la musulmana y la judía.
 
Tras la conquista cristiana, el castillo y villa estuvieron bajo las órdenes militares del Temple, del Hospital y de Montesa sucesivamente. A principios del siglo XIV la ciudad-fortaleza todavía debía de ser impresionante y su visión dio pie a referirse al Castillo como el  “Castillo de las 300 torres”.
 
Debido a su estratégica ubicación, el castillo fue testigo y participó en numerosos conflictos bélicos como: la guerra de Castilla, la de las Germanías, la de Sucesión e incluso las tropas napoleónicas lo ocuparon en 1812. 
 
En 1840, después de las guerras carlistas, la fortaleza fue rehabilitada y finalmente, durante la Guerra Civil de 1936, el castillo también tomó parte en diversos enfrentamientos entre ambos bandos.
 
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